Publicación de los Ensayos de los Seminarios en el ISEN.

giovedì 30 giugno 2011

“Genocidio en Ruanda: breve análisis de los orígenes del conflicto entre Hutus y Tutsis”

SEMINARIO: CONFLICTOS Y GUERRAS CIVILES EN EL ÁFRICA CONTEMPORÁNEA 1


Tamara Oberti

ISEN - 1° año

Fecha de entrega: junio de 2011




First, I'd like to tell You that "I" come from the two ethnic groups;

this means that I have Uncles, aunts and cousins who were accused

of having taken part to the said genocide, and I also have Uncles,

aunts and cousins who were killed during the genocide.


Jules Clément Kayumba




INTRODUCCIÓN


El estudio de ciertos conflictos y guerras civiles en África, como casos testigo; se constituye en un interesante punto de partida para entender la peculiar práctica política y analizar las causas de la violencia en el continente. De hecho, múltiples estudiosos argumentan que, en las últimas décadas, la guerra se ha extendido como una forma de regulación política en el continente. No obstante esto, consideramos fundamental abandonar las visiones simplistas que en palabras de Jean-François Bayartdescriben al África subsahariana como una región aislada del sistema internacional, primitiva e inherentemente violenta; y afrontar el desafío de complejizar el análisis para obtener una visión completa de la realidad contemporánea del continente.

El genocidio de Ruanda es uno de los casos paradigmáticos que abonan esa imagen de África como el corazón de las tinieblas (Conrad, 1899). Efectivamente, ese país es tristemente conocido porque durante cien días en 1994, alrededor de 800.000 personas, entre Tutsis y algunos Hutus que se negaban a participar; fueron asesinadas por sus propios vecinos, familiares y hasta referentes sociales.

El objetivo del presente trabajo es realizar un rápido recorrido por la historia reciente de Ruanda y, a partir de diferentes aportes conceptuales y líneas de análisis propuestos por autores como Jean-François Bayart, Patrick Chabal, Mahmood Mamdani, Paul Nugent y David Welsh; presentar algunas explicaciones sobre los orígenes de la violencia vivida en ese país en los últimos años. A fin de comprender las razones que llevaron al gobierno de Ruanda a organizar a parte de su población para exterminar a la otra; comenzaremos el relato histórico desde la época colonial y procuraremos centrarnos en las contribuciones teóricas de los mencionados autores que nos permitan comprender —exclusivamente las causas del genocidio. Paralelamente, intentaremos ampliar y humanizar el análisis abstracto de este triste episodio; a través de la inclusión de las reflexiones personales de Jules Clément Kayumba2, quien fuera entrevistado exclusivamente a los fines del presente ensayo.


LEGADO COLONIAL


Para comenzar a explicar la génesis de la violencia actual en África, es preciso identificar brevemente los diversos canales a través de los cuales la dominación colonial definió, y aún hoy condiciona, la política africana. En este apartado sólo nos concentraremos en el trazado de las fronteras en función del equilibrio de poder de las potencias coloniales y en la politización de las identidades culturales preexistentes.

En primer lugar, como afirman Paul Nugent y A.I. Asiwaju, las fronteras actuales de África fueron trazadas por las potencias coloniales atendiendo a una lógica puramente competitiva de control del espacio, las poblaciones y los recursos dentro de los límites. Es decir que, con la intención de mantener el equilibrio de poder en el continente, se inventaron líneas divisoras que separaban comunidades enteras, ignorando las identidades culturales preexistentes y también las rutas comerciales tradicionales (1998: 32-33). Asimismo, los autores explican que en la época de la independencia, los Estados africanos heredaron una gran parte del bagaje colonial que condicionaría profundamente la práctica política del continente. Por un lado, los países debieron hacerse cargo de las fronteras coloniales, legitimadas en 1963 por la Organización de la Unidad Africana a través de la Resolución AHG/RES.163. Y por otro lado, heredaron también las ideas del espacio nacional y de la importancia de regularlo adecuadamente, aunque las poblaciones incluidas dentro de ese espacio difícilmente podían ser catalogadas como naciones (1998: 37).

El aporte realizado por estos autores es muy útil para comprender la realidad africana en general. Sin embargo, la paradoja4 planteada y profundizada por Nugent y Asiwaju sobre las fronteras africanas impuestas por las potencias coloniales; no puede tomarse como variable explicativa de la violencia política del caso que nos ocupa porque este país fue uno de los pocos5 en los que hubo coincidencia entre el estado colonial y los límites territoriales de las unidades políticas indígenas preexistentes (Welsh, 1966:477).

En segundo lugar, es fundamental analizar la politización de las identidades culturales preexistentes como variable explicativa fundamental de los conflictos contemporáneos y de la violencia política en África. Autores como M. Mamdani, J.F. Bayart y David Welsh, argumentan que es preciso estudiar las identidades étnicas asociadas con el pasado colonial y la manera en que la etnicidad fue inventada e instrumentalizada con propósitos políticos (Welsh, 1996: 477).

En sintonía con esta línea de argumentación, Mamdani explica que en la mayoría de los Estados coloniales, se impuso una división legal entre nativos y colonos que respondía básicamente a la visión que tenían los europeos de su misión civilizadora en África y a la necesidad de dominar a los nativos a través del gobierno directo. En un segundo momento, sin embargo; se hizo necesario instaurar formas de gobierno indirectas y se fracturó la identidad singular, racial y mayoritaria, nativa, en varias identidades minoritarias plurales y étnicas: las tribus. Según el autor, las diferencias entre los grupos étnicos fueron reforzadas, exageradas y convertidas en sistemas legales diferentes y, de hecho, en autoridades administrativas y políticas distintas (Mamdani, 2003: 52-53).

La visión de Jules Clément Kayumba, avala la argumentación de estos autores al sostener que las razones profundas del genocidio deben buscarse en el principio de 'divide y reinarás' impuesto por las potencias coloniales, y en la división y el odio fomentado desde entonces entre Hutus y Tutsis, inclusive después de la independencia (Kayumba, 2011).

En efecto, para comprender la magnitud y el alcance del genocidio en Ruanda, es imprescindible explicar la forma en que el estado colonial impuesto por los belgas profundizó, cristalizó y politizó las diferencias culturales entre Tutsis y Hutus. Si bien antes de ese período, los primeros gozaban de ciertos privilegios respecto a los segundos; los belgas inclinaron el delicado equilibrio entre ambos grupos étnicos en favor de los Tutsis al definirlos legalmente como una raza en contraposición de la tribu nativa Hutu (Welsh, 1996: 482-483). Para cristalizar esta supremacía, se centralizó el poder, los Tutsis recibieron una educación que les permitía ser asimilados y los preparaba para administrar la colonia. En cambio, cuando los Hutus eran excepcionalmente admitidos, se los instruía siguiendo una currícula diferente y en Kiswahili (Mamdani, 2001:43). De esta manera, la diferencia no sólo quedaba cristalizada y legalizada, sino también institucionalizada y perpetuada a través de un sistema educativo diferenciado según la pertenencia étnica.

En este punto, es fundamental aclarar -siguiendo a Mamdani- que si bien los grupos étnicos existían en las sociedades africanas antes del colonialismo; hay que distinguir grupo étnico en cuanto identidad cultural y grupo étnico en cuanto identidad política. Mientras que la primera es consensual, voluntaria y no excluyente; cuando la diferenciación es impuesta por la ley y administrada por el Estado, el grupo étnico se convierte en identidad legal y política, se materializa y las identidades se vuelven rígidas. La identificación ya no es propia, ni voluntaria; es impuesta por el Estado6 (2003:55).

En concordancia con esta línea argumentativa, Welsh explica que la noción de etnicidad no es un residuo cultural natural, sino una creación ideológicamente construida; y que en múltiples casos la contribución del Estado colonial en la etnogénesis fue directa (1996:481). Si bien en Ruanda, no se crean, sino que se cristalizan diferencias preexistentes; esta intervención imposibilita la conversión o traspaso de un grupo a otro como solía darse en el período previo por razones de empobrecimiento o enriquecimiento.



INDEPENDENCIA


Patrick Chabal propone un análisis diferente de los orígenes, la frecuencia y la naturaleza de la violencia en el continente africano. Para este autor, la violencia está enraizada en el contexto histórico, social, político, económico y cultural específico del África poscolonial, y la clave para entender su frecuencia reside en las formas en las que el poder se ha ejercido desde su independencia (2007:1).

En líneas generales, este autor sostiene que en el período posterior a la independencia, se dio un proceso de 'africanización de la política'. Por un lado, se daba parecian fortalecerse las instituciones políticas a medida que el proceso descolonizador avanzaba; y por otro, se desarrollaba una nueva dispensación política informal que estaba reñida con el mundo de las estructuras políticas oficiales. Como la mayor parte de las relaciones políticas se basan en normas de legitimidad y representación políticas inherentes al sistema neopatrimonial, la consecuencia directa de ante una situacipón de escasez de recursos es la generalización del uso del desorden y la violencia como instrumento político este fenómeno (Chabal,2007: 8-9).

En lo que respecta a Ruanda, Chabal argumenta que constituye un caso paradigmático de un tipo de violencia específico: la comisión por los gobiernos, o los detentadores de poder, de actos graves y arbitrarios de brutalidad contra su propia población. Según el mencionado autor, aunque los objetivos del genocidio resulten incomprensibles, sería equivocado suponer que su aparente “barbaridad” no tiene propósitos políticos. Y agrega que debe ser interpretado como una forma particularmente viciosa de alcanzar ciertos fines políticos en un contexto donde otros métodos pudieran parecer más onerosos (Chabal, 2007:11).

El análisis propuesto por Chabal resulta sumamente interesante y puede, inclusive, complementar el estudio de los orígenes de la violencia política en Ruanda; fundamentalmente, al dar una explicación a la organización del genocidio por parte del Estado. Sin embargo, es preciso remarcar que este enfoque no alcanza para explicar la adhesión masiva de la sociedad al exterminio de la minoría Tutsi en 1994. Para ello, debemos retomar la línea argumentativa propuesta con anterioridad y resaltar las continuidades entre las instituciones coloniales y las del Estado revolucionario instaurado al alcanzar la independencia en 1960. Particularmente, el hecho que el gobierno Hutu no transformó la división identitaria consolidada bajo la dominación colonial, al hacer del sufrimiento una cuestión de orgullo y buscar la venganza bajo la consigna de procurar justicia. El gran fracaso de ese Estado reside, específicamente, en el haber reforzado esas identidades en nombre de la justicia y continudo la práctica colonial de expedir credenciales que identificaban a todo individuo según su etnia. En lo sucesivo, los hutus serían la nación ruandesa y los tutsis una minoría extranjera (Mamdani, 2003:57).

Es durante esta etapa que se ve claramente, que si bien la etnicidad había sido un producto de la época colonial; una vez independizados, se la utilizó como recurso político y para estimular el enfrentamiento entre partidos étnicos que podrían emparentarse a los grupos de interés (Welsh, 1996:485). En efecto, los episodios de 1959 parecen confirmar este argumento al constituir el primer momento significativo en que Hutus y Tutsis se enfrentaron políticamente, como adversarios bien identificados además de como dos razas diferentes y dos naciones separadas.

Dentro de los hechos más destacados del período anterior al genocidio de 1994, es fundamental recordar que las identidades políticas de Hutus y Tutsis se resignificaron nuevamente. De hecho, durante la Segunda República instaurada tras el golpe de Estado de Habyarimana en 1973; los tutsis fueron redefinidos de raza a etnia. Es decir que, dejaron de ser extranjeros residentes para ser considerados una minoría política (Mamdani, 2003:64).




GUERRA CIVIL


En 1990, consecuencia de un cambio en la política ugandesa para acceder a la propiedad de las tierras; la organización militar del exilio tutsi, conocida como Ejército Patriótico de Ruanda (EPR), decide retornar a Ruanda (Mamdani, 2003:64). Es precisamente en este momento histórico que resulta útil aplicar la paradoja planteada y profundizada por Nugent y Asiwaju sobre las fronteras africanas. Éstos sostienen que a pesar de buscar la división, la separación entre un territorio y otro; las fronteras son permeables, constituyen puntos de encuentro y, particularmente en África, el Estado es demasiado débil como para controlarlas. De hecho, la crisis y el movimiento poblacional desatado en Uganda; estimula el retorno de los Tutsis exiliados, afectando directamente a Ruanda y desatando la guerra civil que legitimará la propaganda política de los Hutus más radicales. A su vez, con el avance del EPR sobre Ruanda, se da un exilio masivo de Hutus al Congo; poniendo de manifiesto la inextricable conexión entre las crisis de los tres países, más allá de las demarcaciones y las fronteras oficiales. Tal como afirman los mencionados autores, es en este momento que se pone de manifiesto la incapacidad del Estado para controlar las fronteras y evitar el ingreso de agentes patógenos (1998:34-35). Por ende, el hecho que el genocidio se llevara a cabo dentro de las fronteras ruandesas, no significa que las dinámicas, las causas ni las consecuencias del mismo fueran exclusivas y excluyentes de la realidad de Ruanda.

Una última consideración sobre las causas del genocidio se relaciona con las consecuencias políticas del regreso de los exiliados Tutsis a Ruanda. Éstas son cruciales para comprender la violencia desatada en 1994. A medida que el EPR avanzaba y controlaba militarmente el territorio, miles de Hutus eran desplazados y despojados. Los logros de la Revolución de 1959 estaban siendo amenazados, destrozados, ultrajados. En este contexto, los Hutus más radicales, quienes habían permanecido marginados de la competencia política hasta entonces, retornan al centro de la escena. El temor se difundió rápidamente. Los desplazamientos y el asesinato del Presidente parecían confirmar las apocalípticas afirmaciones de la propaganda de los Hutus más radicales. En este sentido, Kayumba explica que fue relativamente simple convencer a la mayoría de los Hutus —sobre todo después del ataque de los rebeldes al avión presidencial que provocó la muerte de Habyarimanaque sus vidas estaban siendo amenazadas por los intentos de colonización de los Tutsis. La propaganda de los extremistas fue intensa: se afirmaba que los Tutsis eran como 'víboras', que buscaban acaparar toda la riqueza, que eran peligrosos y que eran parientes de los rebeldes que querían restaurar la monarquía. En este contexto de odio ancestral, las animosidades se exacerbaron hasta estallar de la peor manera.

De lo anterior, podemos deducir por qué Mamdani argumenta que sin la guerra civil, no habría habido genocidio (2003:65). Si bien el temor a la amenaza Tutsi fue el detonante último del genocidio, la violencia política en Ruanda hunde sus raíces en una larga política tendiente a cristalizar y enfrentar las diferentes identidades culturales. Desde la época colonial, el odio y el resentimiento entre ambos grupos fueron fomentados como base de la estructura de dominación, tanto colonial como del Estado posterior a la independencia.



CONCLUSIONES


Hemos visto que la cuestión clave para comprender el conflicto en Ruanda, es recordar que tanto Hutus como Tutsis son identidades políticas impuestas por el Estado. Como cuenta Kayumba, uno no puede estar completamente seguro si es Hutu o Tutsi. Para tener una idea, uno busca en sus ancestros o pregunta a sus parientes. Por ende, durante 1994 algunos fueron asesinaos porque 'parecían Tutsis' y otros mataron porque 'pensaban que probablemente serían Hutus' (2011).

Este recorrido por la historia reciente de Ruanda a la luz de los aportes conceptuales de los autores citados, parece explicar no sólo los orígenes de la violencia política en el continente; sino también el genocidio como un proyecto social y no exclusivamente estatal. Tal como sostiene Mamdani, el Estado organizó los asesinatos, pero los asesinos fueron en gran medida personas comunes y corrientes (2003:58). Asimismo, constatamos que no se puede explicar el profundo resentimiento y el odio que llevaron a los Hutus a exterminar sistemáticamente a los Tutsis, sin estudiar cómo las identidades políticas cambiaron a lo largo de la historia, dependiendo de la fase institucional en la que se encontrara Ruanda. La perenne tragedia de ese país es consecuencia de un círculo vicioso de violencia motivado por el odio y el deseo de venganza. Como vimos, en cada período uno de los dos grupos ha justificado la violencia contra el otro, como la única garantía efectiva para evitar volver a ser las victimas (Mamdani, 2002:15).













BIBLIOGRAFIA



BAYART, Jean François: “Africa in the world: a history of extraversion”, African Affairs, 99,

2000. 217–267 pp.


CHABAL, Patrick “Las políticas de violencia y conflicto en el Africa contemporánea” Revista Académica de Relaciones Internacionales 6, abril 2007.



KAYUMBA, Jules Clément: “Kayumba's interview on Rwanda's genocide”. Entrevista privada publicada en: http://tamara-ensayando.blogspot.com/2011/06/kayumbas- interview-on-rwandas-genocide.html



MAMDANI, Mahmood: “A Brief History of Genocide” [en línea], Indiana University Press on behalf of the W.E.B. Du Bois Insitute, Transition, No. 87 (2001), pp. 26-47. Disponible en: http://www.jstor.org/stable/3137437.[consultado 13/06/2011 21:33]


MAMDANI, Mahmood: “When Victims become Killers: colonialism, nativism, and the genocide in Rwanda”. Princeton University Press e-books. 2002.


MAMDANI, Mahmood: “Darle sentido histórico a la violencia política en el Africa poscolonial” Istor 14, 2003.


NUGENT, Paul y ASIWAJU, A.I:.“La paradoja de las fronteras africanas” en Idem (ed) Fronteras africanas. Barreras, canales y oportunidades Barcelona, Bellaterra, 1998


WELSH, David: “Ethnicity in Sub-Saharan Africa”, International Affairs, vol. 72, n°.3, Ethnicity and International Relations (Jul., 1996), 477-491.






1Dictado por la Prof. Marisa Pineau a los becarios de 1°año del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) entre el 2 de mayo y el 7 de junio de 2011.

2 En la actualidad, Jules-Clement Kayumba trabaja en el Consejo Nacional de Exámenes de Ruanda, organismo estatal que a partir de 1995 busca erradicar todas las formas de discriminación del sistema educativo ruandés y establecer un sistema de selección mas transparente y equitativo a través de exámenes nacionales. Esto marca una clara diferencia con la época previa a 1994, en la que la certificación y selección para accede a niveles de educación mas altos se basaban en criterios poco objetivos como la etnicidad, el regionalismo, el nepotismo, favortismo u otros.

3Los Estados africanos se comprometían a no modificar las fronteras heredadas del colonialismo, a fin de obtener la independencia nacional y evitar conflictos futuros.

4Básicamente, los autores plantean que aunque el objetivo de una frontera es cercar conjuntos de población, creando ya sea ciudadanos, ya sea súbditos, la realidad es que frecuentemente establece una zona de interacción antes que representar una división genuina (Nugent y Asiwaju,1998: 32).

5Las otras tres excepciones son Lesotho, Swazilandia y Burundi.

6Sólo con el colonialismo belga los hutus se volvieron indígenas y los tutsis extranjeros, la degradación de los primeros se convirtió en una degradación nativa y el privilegio tutsi en un privilegio extranjero. Cuando las autoridades belgas emitieron credenciales a hutus y tutsis, éstos quedaron separados de aquéllos (Mamdani, 2003:60).

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